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Posts Tagged ‘Nanni Moretti’

“Y ella lo hace. Ni remisa ni insegura, sin dar la más mínima impresión de que está siendo obligada: al contrario, dueña por completo de sus propios gestos e incluso contenta por realizarlos, a juzgar por la mirada festiva que me lanza antes de bajarse hasta mi barriga; ahí está, levantándome la camiseta, y empieza una tortuosa marcha de aproximación hecha de besos y de chupetones, desde el pecho hasta el costado, luego por el vello alrededor del ombligo, luego directamente sobre el ombligo; es preciso, de todas maneras, que no insista demasiado, porque se trata de una especie de tortura y hay mujeres que no se dan cuenta de lo muy insoportable que puede llegar a ser… Pero no, no insiste demasiado, sigue bajando todavía un poco más, pero cuando se encuentra con la polla clavada en la garganta lo interpreta correctamente como la señal de meta de la carrera y deja de torturarme. Ya estamos: se incorpora sobre las rodillas, acaba de desabrochar los pantalones, los baja cuanto puede, baja de la misma manera los calzoncillos, todo con la debida solemnidad, porque evidentemente es consciente del flujo de serotonina que este ceremonial produce en el cerebro de un hombre. Pero luego hace algo extraño, que no me esperaba: me coge la polla por la base y la levanta, hacia arriba, al aire, como si supiera también lo agradable que es sentir pasar por encima el vientecillo de esta noche que huele a mandarina, y se queda algunos segundos quieta, mirándola, oxigenándola, se me ocurre, como se hace con un buen vino antes de bebérselo; luego se sopla un mechón de pelo que le caía delante de los ojos y se la mete en la boca. Oh, el principio de una mamada: oh. Cada vez me sorprende que algo tan simple pueda ser también tan infalible. Una boca que se abre y adelante: ¿qué más se necesita? Todo el mundo puede hacerlo. Entonces, ¿por qué no ocurre continuamente? ¿Por qué hacemos de ella un bien tan escaso? Estamos locos, todos.” Caos Calmo, Sandro Veronesi. (Fotografía: Fandango)

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Hoy publicamos en Ñ de Clarín una entrevista al escritor italiano Sandro Veronesi. Hace poco estuvo en Barcelona, donde presentó Caos Calmo, el libro con el que ganó el premio Strega y del que se realizó una polémica adaptación cinematográfica con la actuación de Nanni Moretti. Polémica por una escena de sexo donde el director de Caro Diario sodomiza a la actriz Isabella Ferrari, haciendo gala de un realismo que ha dado que hablar a medio mundo. Sobre todo al Vaticano que, ya sabemos, le encanta hablar de sexo.


 

En un momento de la novela, el protagonista se encuentra con la mujer que salvó al inicio y mantienen una encendida relación sexual, descrita con belleza, absoluta precisión, sin eufemismos. Esto, transformado en lenguaje cinematográfico es “pura acción”, tal como dice el autor. “El film ha interpretado correctamente la escena –comenta Veronesi-. Es una escena fuerte. Tan fuerte, que me ha sorprendido hasta a mí. ¿Por qué es tan fuerte? Porque hay una niña durmiendo en la habitación del lado. No es una escena de amor, es un trampa que el padre tiende a la hija”.

 

 

Caos Calmo es un gran libro, que ojalá tenga la repercusión que se merece. A lo largo de cientos de páginas, Veronesi construye una delicada estructura en la que se permite reflexionar, con buen pulso narrativo, intensidad y humor, temas como la muerte y el sufrimiento, la locura de un hombre profundamente europeo y confundidamente contemporáneo. Su nuevo libro, publicado por Anagrama, se presenta como un pantallazo generacional, una mirada al mundo con banda sonora incluida: Radiohead cantando “we are accident waiting to happen…


 

La novela comienza con dos mujeres que se ahogan en el mar. Pietro Paladino y su hermano corren y nadan para salvarlas. Con bastante dificultad, logran arrastrarlas hasta la playa y revivirlas. En ese mismo momento y a pocos metros de ahí, la mujer de Pietro, la mujer con la que Pietro iba a casarse en unos días, muere sorpresivamente. Pietro Paladini, un cuarentón milanés bien acomodado y su niña de ocho años, regresan a la ciudad para recomenzar la vida y las clases en el colegio. Él decide no separarse de su hija, y se queda durante horas, días, meses frente a la escuela. Al borde de la locura, el protagonista se detiene, no sin placidez, en eso que los anglosajones llaman el “caos calmo”.

 

Y como si todo fuera normal, sus amigos, compañeros de trabajo, mujeres, familiares, comienzan a peregrinar hacia el lugar donde Pietro se detuvo no para consolarlo, sino a contarle sus propias penas. Veronesi descomprime la seriedad del tema, contando en qué se inspiró: “La lectura de Snoopy cuando era niño. Sobre todo cuando Lucy Van Pelt pone un banco delante de la escuela con un cartel “Ayuda Psiquiátrica, 5 centavos” y todos van a confesarse. Lucy es mala, lo hace para hacer sufrir a las personas. Pero el ejemplo es bueno, porque supongo que vivimos en una sociedad llena de dolores. Basta que una persona se detenga en un punto dando la impresión de pòder escuchar tu dolor, enseguida se hace una hilera de gente”. Fragmentos de la entrevista:


 

-¿Qué es el caos calmo?

-El peligro de no reconocer el límite en el que comienza la locura. Este título expresa la trampa de no ver a tiempo lo negativo de una situación. Reflexioné mucho sobre este oxímoron muy utilizado en el mundo anglófono, pero casi ausente en el latino.


-¿Cómo lo vive su protagonista?

-Pietro Paladini vive su luto sin sufrimiento. No sabe donde está, adónde va. Esto, para mí, representa un problema colectivo, de Italia, de Occidente. Vivimos en una sociedad en la que, como Paladini, siempre creemos que el sufrimiento es ajeno, que el problema es de los otros. Esto es una locura social, en la que nadie puede acusarte de loco, pero estás enloqueciendo.


-¿Es su libro mas personal?

-No exactamente. Pero el proceso de creación fue muy duro, estuve tres veces a punto de dejarlo. Demasiado dolor como materia prima. Me costó muchísimo llegar a la mitad, cuando mi vida dio un giro milagroso. Fue muy exultante darme cuenta que podía seguir, que podía acabarla. Después de dos años y medios de separación, pude tener la custodia de mis hijos y este acercamiento fue un milagro para mí. Nunca pensé que podía escribir con mis hijos en la casa, pero precisamente eso me desbloqueó. No sabía cómo manejar ese dolor, el dolor de los otros, mi relación con el dolor, y esta paradoja de no saber dónde quedaba la escuela de mis hijos y en escena un padre así. Demasiado para mí.


Sobre Vargas Llosa y Radiohead


 

-La canción There, there de Radiohead atraviesa la novela, “somos accidentes a punto de ocurrir”, dice la canción. ¿Por qué la eligió?

-Creo que los Radiohead son, en su todo, en su composición musical, sus letras, el manejo del éxito, la relación con la industria, una de las expresiones más profundas del pensamiento occidental contemporáneo. ¡Deberían enseñarlo en la escuela!


-Usted estudió arquitectura. ¿Cuándo decidió ser escritor?

-Cuando leí a Vargas Llosa. Yo estudié arquitectura, pero nunca ejercí. Sin embargo, siempre escribí, desde muy joven, cuando leía a Vargas Llosa y a Dostoievski, soñaba con ser escritor. Pero a Dostoievski lo leía en la escuela, era un clásico. En cambio Vargas Llosa fue para mí una sorpresa, estaba vivo. Él tenía la edad de mi padre, escribía mientras yo lo leía. Hice un viaje a Lima sólo para conocer su mundo, su ambiente. Ha escrito cinco o seis obras maestras. No conozco a otros así. Sobre todo en una época en que Italia y en Europa te enseñaban que la novela había muerto, que había que ir más allá de la novela. Yo estaba leyendo Conversaciones en la catedral, Tía Julia y el escribidor ¿La novela muerta? me preguntaba y me reía. Y detrás de él, junto a él, vienen Arguedas, Onetti, Sábato, Soriano, Galeano, Cabrera Infante, Carpienter… durante años no he leído más que escritores latinoamericanos.

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