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Hoy publicamos en Ñ de Clarín una entrevista al escritor italiano Sandro Veronesi. Hace poco estuvo en Barcelona, donde presentó Caos Calmo, el libro con el que ganó el premio Strega y del que se realizó una polémica adaptación cinematográfica con la actuación de Nanni Moretti. Polémica por una escena de sexo donde el director de Caro Diario sodomiza a la actriz Isabella Ferrari, haciendo gala de un realismo que ha dado que hablar a medio mundo. Sobre todo al Vaticano que, ya sabemos, le encanta hablar de sexo.


 

En un momento de la novela, el protagonista se encuentra con la mujer que salvó al inicio y mantienen una encendida relación sexual, descrita con belleza, absoluta precisión, sin eufemismos. Esto, transformado en lenguaje cinematográfico es “pura acción”, tal como dice el autor. “El film ha interpretado correctamente la escena –comenta Veronesi-. Es una escena fuerte. Tan fuerte, que me ha sorprendido hasta a mí. ¿Por qué es tan fuerte? Porque hay una niña durmiendo en la habitación del lado. No es una escena de amor, es un trampa que el padre tiende a la hija”.

 

 

Caos Calmo es un gran libro, que ojalá tenga la repercusión que se merece. A lo largo de cientos de páginas, Veronesi construye una delicada estructura en la que se permite reflexionar, con buen pulso narrativo, intensidad y humor, temas como la muerte y el sufrimiento, la locura de un hombre profundamente europeo y confundidamente contemporáneo. Su nuevo libro, publicado por Anagrama, se presenta como un pantallazo generacional, una mirada al mundo con banda sonora incluida: Radiohead cantando “we are accident waiting to happen…


 

La novela comienza con dos mujeres que se ahogan en el mar. Pietro Paladino y su hermano corren y nadan para salvarlas. Con bastante dificultad, logran arrastrarlas hasta la playa y revivirlas. En ese mismo momento y a pocos metros de ahí, la mujer de Pietro, la mujer con la que Pietro iba a casarse en unos días, muere sorpresivamente. Pietro Paladini, un cuarentón milanés bien acomodado y su niña de ocho años, regresan a la ciudad para recomenzar la vida y las clases en el colegio. Él decide no separarse de su hija, y se queda durante horas, días, meses frente a la escuela. Al borde de la locura, el protagonista se detiene, no sin placidez, en eso que los anglosajones llaman el “caos calmo”.

 

Y como si todo fuera normal, sus amigos, compañeros de trabajo, mujeres, familiares, comienzan a peregrinar hacia el lugar donde Pietro se detuvo no para consolarlo, sino a contarle sus propias penas. Veronesi descomprime la seriedad del tema, contando en qué se inspiró: “La lectura de Snoopy cuando era niño. Sobre todo cuando Lucy Van Pelt pone un banco delante de la escuela con un cartel “Ayuda Psiquiátrica, 5 centavos” y todos van a confesarse. Lucy es mala, lo hace para hacer sufrir a las personas. Pero el ejemplo es bueno, porque supongo que vivimos en una sociedad llena de dolores. Basta que una persona se detenga en un punto dando la impresión de pòder escuchar tu dolor, enseguida se hace una hilera de gente”. Fragmentos de la entrevista:


 

-¿Qué es el caos calmo?

-El peligro de no reconocer el límite en el que comienza la locura. Este título expresa la trampa de no ver a tiempo lo negativo de una situación. Reflexioné mucho sobre este oxímoron muy utilizado en el mundo anglófono, pero casi ausente en el latino.


-¿Cómo lo vive su protagonista?

-Pietro Paladini vive su luto sin sufrimiento. No sabe donde está, adónde va. Esto, para mí, representa un problema colectivo, de Italia, de Occidente. Vivimos en una sociedad en la que, como Paladini, siempre creemos que el sufrimiento es ajeno, que el problema es de los otros. Esto es una locura social, en la que nadie puede acusarte de loco, pero estás enloqueciendo.


-¿Es su libro mas personal?

-No exactamente. Pero el proceso de creación fue muy duro, estuve tres veces a punto de dejarlo. Demasiado dolor como materia prima. Me costó muchísimo llegar a la mitad, cuando mi vida dio un giro milagroso. Fue muy exultante darme cuenta que podía seguir, que podía acabarla. Después de dos años y medios de separación, pude tener la custodia de mis hijos y este acercamiento fue un milagro para mí. Nunca pensé que podía escribir con mis hijos en la casa, pero precisamente eso me desbloqueó. No sabía cómo manejar ese dolor, el dolor de los otros, mi relación con el dolor, y esta paradoja de no saber dónde quedaba la escuela de mis hijos y en escena un padre así. Demasiado para mí.


Sobre Vargas Llosa y Radiohead


 

-La canción There, there de Radiohead atraviesa la novela, “somos accidentes a punto de ocurrir”, dice la canción. ¿Por qué la eligió?

-Creo que los Radiohead son, en su todo, en su composición musical, sus letras, el manejo del éxito, la relación con la industria, una de las expresiones más profundas del pensamiento occidental contemporáneo. ¡Deberían enseñarlo en la escuela!


-Usted estudió arquitectura. ¿Cuándo decidió ser escritor?

-Cuando leí a Vargas Llosa. Yo estudié arquitectura, pero nunca ejercí. Sin embargo, siempre escribí, desde muy joven, cuando leía a Vargas Llosa y a Dostoievski, soñaba con ser escritor. Pero a Dostoievski lo leía en la escuela, era un clásico. En cambio Vargas Llosa fue para mí una sorpresa, estaba vivo. Él tenía la edad de mi padre, escribía mientras yo lo leía. Hice un viaje a Lima sólo para conocer su mundo, su ambiente. Ha escrito cinco o seis obras maestras. No conozco a otros así. Sobre todo en una época en que Italia y en Europa te enseñaban que la novela había muerto, que había que ir más allá de la novela. Yo estaba leyendo Conversaciones en la catedral, Tía Julia y el escribidor ¿La novela muerta? me preguntaba y me reía. Y detrás de él, junto a él, vienen Arguedas, Onetti, Sábato, Soriano, Galeano, Cabrera Infante, Carpienter… durante años no he leído más que escritores latinoamericanos.

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Hace pocas semanas entrevisté a Rosa Montero, quien el 7 de mayo publica en España y Latinoamérica su nueva novela Instrucciones para salvar el mundo (Alfaguara), un fresco sobre el Madrid de comienzos de siglo, lleno de solos y solas, al borde de casi todo, malviviendo entre la muerte y los amores rotos, la inmigración, el terrorismo y la prostitución, la armonía, el caos y Second Life. Los protagonistas Daniel y Martín saben mejor que nadie aquello de llueve sobre mojado. Y para muestra, basta llegar a la escena del prostíbulo en navidad. Con tales asuntos, al libro no le queda otra que centrarse en la esperanza. Hablamos de esto, de la esperanza y recordamos dos frases bellas, terribles sobre este tema: “Hay una cantidad infinita de esperanza, sólo que no es para nosotros”, que ha dicho Kafka, y una de Walter Benjamin, “Sólo por nuestro amor a los desesperados conservamos todavía la esperanza”. “La frase de Kafka es bellísima, pero para mí no es verdadera”, dice la autora. “No me siento representada por ella, no es el concepto que tengo de la vida. De hecho, para mí la novela está llena de esperanza y desde luego Matías la aprovecha toda. Matías es un superviviente y se salva sin rendiciones. En cuanto a Daniel, le tengo especial afecto y compasión porque es un personaje muy habitual en nuestra sociedad. Representa la tentación del fracaso, esa tentación que todos hemos sentido alguna vez de dejarnos llevar, de no luchar, de rendirnos. Es la antítesis de Matías y durante toda la novela te dan ganas de zarandearlo y decirle ¡Sal de esa pasividad, hombre!”

-¿Es Instrucciones para salvar el mundo su título más ambicioso?

-No creo que sea un título ambicioso, sino más bien levemente malicioso. En primer lugar, el enunciado resulta un poco humorístico. Desde el principio creo que el título deja intuir el tono de la novela. Porque es una historia en donde se habla de cosas muy graves, pero se habla de ellas con sentido del humor, con simpatía ante lo disparatado de la vida. En el libro intento escribir de lo muy grande desde lo muy pequeño, desde lo cotidiano, lo común, lo conmovedoramente risible.

-Para salvar al mundo, ¿primero hay que salvar al propio?

-Mira, en primer lugar, al mundo no hay manera de salvarlo. Es absurdo pensar que uno puede salvar el mundo, y si aparece alguien que cree tal cosa hay que salir corriendo, porque los salvadores de mundos siempre han sido los mayores asesinos, los grandes carniceros, aterradores monstruos. Ya tenemos bastante con intentar salvar nuestra pequeñísima vida, con intentar madurar, crecer, aprender y ayudar a la gente que queremos. Eso ya es dificilísimo. Vivir una vida entera con sentido, con utilidad y con dignidad es un arte al alcance de muy pocos.

-¿La literatura qué puede hacer?

-Las novelas son los sueños de la Humanidad, sueños que se sueñan con los ojos abiertos. Y si no pudiéramos soñar, nos volveríamos aún más locos de lo que somos. La literatura nos enseña lo que somos, nos hace más sabios con respecto a nuestra propia condición, nos permite crecer y soñar. ¡Cuánta esperanza hay en la lectura y en la escritura! Esperanza de entendernos unos a otros, de poder transmitir nuestras emociones y nuestros conocimientos, esperanza de ayudarnos y de no estar solos, de trascender el horror, de ser mejores. Leer y escribir es una celebración de la vida.

La entrevista completa puede leerse en la revista Ñ de Clarín.

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