Feeds:
Posts
Comments

Posts Tagged ‘Malvinas’

Que no era así, le pareció. No amarilla, como crema; más pegajosa que la crema. Pegajosa, pastosa. Se pega por las ropa, cruza la boca de los gabanes, pasa los borceguíes, pringa las media. Entre los dedos, fría, se la siente después.

-¡Presente! –dijo una voz abotagada.

-Pasa –respondió. No “pasá” sino “pasa”. Así debían decir.

Entonces la vos de fuera dijo “calor” y haciendo ruido rodó hacia él un muchacho encastrado de barro.

-No hace frío –habló el llegado-, pero habría que apuntalar algo más el durmiente…

-Después se hará –le dijo, mientras sentía que el otro se acomodaba enfrente, embarrado, húmedo, respirando de a saltos.

Imaginaba la nieve blanca, liviana, bajando en línea recta hacia el suelo y apoyándose luego sobre el el suelo hasta taparlo con un manto blanco de nieve. Pero esa nieve ahí amarilla, no caía: corría horizontal por el viento, se pegaba a las cosas, se arrastraba después por el suelo y entre los pastos para chupar el polvillo de la tierra; se hacía marrón, se volvía barro. Y a eso llamaban nieve cuando decían que los accesos tenían nieve. Nieve: barro pesado, helado, frío y pegajoso.

En su pueblo, dos veces nevó, él estaba durmiendo, y cuando despertó y pudo mirar por la ventana la nieve ya estaba derretida. En el televisor la nieve es blanca. Cubre todo. Allí la gente esquía y patina sobre la nieve. Y la nieve no se hunde ni se hace barro ni atraviesa la ropa, y tiene trineos con campanillas y hasta flores. Afuera no: en la peña una oveja, un jeep y varios muchachos se habían desbarrancado por culpa de la nieve jabonosa y marrón. Y no había flores ni árboles ni música. Nada más viento y frío tenían afuera.

-¿Sigue nevando? –quiso saber.”

Así comienza Los Pichiciegos, la novela sobre la Guerra de Malvinas escrita por Fogwill en 1982. Una de las mejores novelas argentinas de todos los tiempos.

Advertisements

Read Full Post »