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Posts Tagged ‘Herman Hesse’

En una carta a su amigo Hugo Ball (el cofundador del Cabaret Voltaire), Herman Hesse describe lo que será el germen de El lobo estepario: “decidí que en mi quincuagésimo cumpleaños, dentro de dos años, tendré el derecho de colgarme, si en ese momento aún lo deseo. Ahora todo lo que me parecía difícil ha tomado un aspecto diferente, porque lo peor que puede pasar es que sólo dure dos años más”. Vale recordar esta carta, ahora que por primera vez se publicará una traducción directa del alemán al español de la biografía de Herman Hesse que hizo su amigo dadaísta Hugo Ball. La obra, que El Acantilado pondrá en las librerías en el mes de mayo, fue escrita en 1927 con el nombre de Hermann Hesse. Sein Leben und sein Werk. Ball, cuando el autor de Demian tenía apenas 50 años. La editorial adelanta un fragmento del libro:

Realmente, ya no se puede considerar azar que espíritus como Nietzsche, Strindberg, Van Gogh, Dostoievski, sucumbieran, unos más, otros menos, a la neurosis. Ya no se puede seguir considerando «orgánicas» sus dolencias, aunque una psiquiatría cómoda así lo prefiera. Al final, habrá que aceptar que se trata de dolencias que, en buena medida, tienen por causas nuestros factores religiosos y sociales, nuestro sistema educativo, nuestra educación superior, especialmente la general actitud negativa respecto a la locura y la exageración, la falta de entusiasmo y comprensión, de placer por las imágenes, la ausencia de un espíritu infantil; en pocas palabras: nuestra catastrófica visión del mundo.

A este respecto, es significativo que los genios que sufren tales males procedan especialmente de los países nórdicos. Entre los meridionales, este fenómeno es mucho más raro o no se da; también el clima puede representar un papel en cuanto a esto. Al artista neurótico lo define la palabra «interioridad», y esa palabra remite a la Reforma protestante. La introversión, es decir, una mística personal, privada, autónoma, que no permite vinculación con la sociedad, que incluso está en oposición a las costumbres tradicionales… el ensimismamiento es el signo del artista romántico, del marginal y el excluido, del desarraigado y el aislado, que tiene que mantener su equilibrio mediante grandes logros, mediante su magia, mediante un énfasis rebelde en la naturaleza y la gracia personales, mediante una mecánica de superioridad individual.

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En los poemas del lobo estepario (Neue Rundschau, 1926), esa tendencia a la autodestrucción se ha convertido, para algunos amigos de Hesse, en un profundo dolor. Amargura y melancolía han prosperado en estos poemas hasta reventar el instrumento. Tan sólo conozco una publicación que me haya causado esa misma impresión a la primera lectura: el Ecce homo de Nietzsche. Pasan versos de una incomparable intensidad y tristeza, palabras con la extraña luminosidad de una estrella que se refleja en una estancada fuente. La forma que todo lo encubre ha estallado en todas direcciones, un nuevo ritmo vibra. Lo que esto ha costado al poeta sólo pueden valorarlo aquellos que conocen la discreción de Hesse, su capacidad para el sufrimiento y su tenacidad a la hora de ocultar.

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«Construir una obra hacia la catástrofe»; esta frase de Nietzsche está muy próxima a Hesse; él mismo podría construir o haber construido su obra hacia la catástrofe. Tanto en Hölderlin como en Novalis, Hesse ve «el destino del hombre extraordinario, genial, que no consigue la adaptación al “mundo normal”; el destino del favorito del destino que no puede soportar la cotidianeidad, el destino del héroe que se ahoga en el aire de la vida común». Éste es el fundamento de los poemas y de los excesos del lobo estepario. En el epílogo a Novalis y en el de Hölderlin, hay frases que cualquier amigo del poeta reconoce como su propio problema, como su propio tormento.

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La novela El lobo estepario, esa creación única, es la última y más poderosa encarnación de Hesse. Si se pudiera atrapar y disolver al enemigo en el propio interior, reducir la fuerza vital a una fórmula plausible; si se pudiera exponer ese carácter apasionadamente inquieto, agitado, atormentado, que se burla de toda sublimación y civilización, si fuera posible resumirlo en delicadas palabras, penetrarlo con toda la gracia y toda la luz… si eso fuera posible, se habría atrapado a ese ser hasta entonces inaccesible y sin nombre. Con esto, se habrían prevenido en adelante las desagradables sorpresas por el lado del instinto. Con esto se habría desarraigado y sacudido la fuerza vital misma; el animal que hay en el ser humano habría salido a la luz y, quién sabe, quizá se habría quebrado. Con esto quedaría abolido un arquetipo demoníaco, y se habría cortado el paso a un sinfín de miedos, de histerias, de estridentes sofismas. Con esto se habría hecho posible un humor que podría ser más que hábil confusión y buena cara al mal tiempo.

Homenaje a Hugo Ball de Dèborah Borque en youtube.

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