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¨Contra la fugacidad, la letra. Contra la muerte, el relato¨ Tomás Eloy Martínez

Murió Tomás Eloy Martínez, una de las figuras imprescindibles de la literatura y el periodismo en Argentina. Murió por un cáncer que lo tenía en lucha desde hace años, él que sobrevivió a tantas cosas.

Comenzó su carrera periodística en el diario La Gaceta de la ciudad de Tucumán, donde nació en 1934. En Buenos Aires fue crítico de cine del diario La Nación, donde escribió sobre diversos temas hasta sus últimos días, jefe de redacción del semanario Primera Plana entre 1962 y 1969 (trabajando aquí entrevistó por primera vez a Juan Domingo Perón), fue corresponsal en París y en la década del 70 trabajó en dos medios míticos como el semanario Panorama y el diario La Opinión. Fue un periodista excepcional. Llevado por su talento, pero obligado por las circunstancias, narró la dictadura, su antes y su después, sus horrores e intríngulis como si fuera ficción. En la narración dio forma a la valentía y supo de la libertad imposible de las calles y las redacciones. Tuvo que exiliarse en Venezuela y México, donde fundó periódicos. Fue profesor en la universidad Rutgerts de Nueva Jersey, a cargo de un programa de Estudios Latinoamericanos, y fue uno de los creadoores de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que preside su amigo Gabriel García Márquez. Amistad que se remonta a los años 60 cuando la revista que dirigía en Buenos Aires Martínez, Primera Plana, había puesto en portada la foto de un colombiano desconocido , que acababa de publicar Cien años de soledad, y que en pocos días se había convertido en la más vendida de Argentina. Tomás Eloy Martinez, fue también, vaya mérito, el que inauguró la corriente de elogios del Nobel.

Su paso natural del periodismo a la literatura se dan en tres libros inmensos, vivos e ineludibles: La pasión según Trelew, el libro que cuenta en diferentes versiones los asesinatos de los militares en la Patagonia, libro que ardió junto a otros textos ¨subversivos¨ en las hogueras de la dictadura en Córdoba; La Novela de Perón y Santa Evita, el libro argentino más traducido en el mundo. Estos tres libros tienen la llave para empezar a intentar comprender ciertos aspectos de la vida política argentina. La novela de Perón y Santa Evita, ficciones realizadas a partir de entrevistas con el propio caudillo y una exhasutiva investigación periodística tras el cuerpo embalsamado y desaparecido de Evita, se han convertido en clásicos de la literatura argentina. La clave puede estar, según Beatriz Sarlo en que ¨La novela de Perón, junto a Respiración artificial de Ricardo Piglia, Nada que perder de Andres Rivera y Cuerpo a cuerpo, de David Viñas, se remiten a la historia como lugar donde el estallido de las certidumbres y el desquiciamiento de la experiencia puedan buscar un principio de sentido, aunque al mismo tiempo, ese sentido se presente a la narración como un enigma a resolver, o el mosaico cuya figura secreta el movimiento de la ficción desea percibir mientras que desespera de lograrlo¨.

De La novela de Perón, cuenta el propio Tomás Eloy Martínez:

Esta es una novela donde todo es verdad. Durante diez años reuní millares de documentos, cartas, voces de testigos, páginas de diarios, fotografias. Muchos eran desconocidos. En el exilio de Caracas reconstruí las Memorias que Perón me dictó entre 1966 – 1972 y las que López Rega me leyó en 1970, explicándome que pertenecían al General aunque él las hubiera escrito. Luego, en Maryland, decidí que las verdades de este libro no admitian otro lenguaje que el de la imaginación. Así fue apareciendo un Perón que nadie había querido ver: no el Perón de la historia sino el de la intimidad.

Juan Cruz, en una entrevista que publicó El País, le comenta que en América Latina se estaba haciendo el nuevo periodismo que recién se estaba inventando en Estados Unidos. Y Martínez responde:

Creo que además entre nosotros nació por instinto, por pura necesidad de narrar, por el vicio de leer novelas y por estar disconformes con el modo que se tenía de narrar la realidad. ¿Por qué no podemos narrar en periodismo como en las novelas? En dos de mis primeras novelas trabajo el nuevo periodismo: en La novela de Perón narro de modo novelesco una investigación muy seria, y en Santa Evita decido invertir los términos del nuevo periodismo. Si en la primera había contado, con los recursos de la novela, lo que me parecía periodísticamente cierto, en Santa Evita narro con los recursos del periodismo una ficción absoluta, y la gente se la creyó.

El origen de La novela de Perón se remonta a 1966, cuando Tomás Eloy Martinez estaba en Madrid, armando una nota sobre españa a treinta años de la Guerra Civil, mientras en Argentina los militares estaban a punto de dar un nuevo golpe. Martínez había acordado con su jefe en Buenos Aires, que si sucedìa el golpe, iría a entrevistar a Perón, exiliado en la capital española. Le llegó un telegrama con la frase `traiga marcha militares´, que en clave lo decía todo. Se pasó la mañana llamando a Puerta de Hierro, residencia de Perón, sin suerte, hasta que finalmente un allegado le arregló la cita para esa misma tarde. Estuvieron tres horas encerrados en el despacho del General. Éste bebía té y jugos de naranjas, estaba animoso, fumaba sin parar y vestía un pantalón blanco cuya pulcritud cuidaba al sentarse, dice la crónica. Salió de la entrevista buscando un correo para mandar un telegrama con el texto. Estaba satisfecho y contecto. En la madrugada, lo despertaron en el hotel para decirles que Perón negaba todo lo dicho y que estaba muy disgustado con él. La policía franquista había interceptado la nota y se la había llevado a Perón.
Martinez en pijamas llamó ahí mismo a los periodistas de guardia de las grandes agencias de noticias, para confirmar la entrevista haciéndoles escuchar fragmentos de sus grabaciones. Así fue como al otro día, las palabras del General, su desmentida y la confirmación del periodista se publicaron juntas en varios diarios de Argentina. Tres días después, hombres de Perón volvieron a buscar a Martínez.
-El general quiere agradecerle todo lo que hizo, y decirle que está muy satisfecho con su comportamiento.
Martínez terminó de confesar lo que sospechaba: que Perón lo había usado para difundir algo que no podía decir oficialmente. Cuatro años después, volvió a llamar a Martínez para armar una versión de sus memorias. Todo esto lo cuentan Eduardo Anguita y Martín Caparrós en La Voluntad, tomo I)

Algunos otros libros de Tomás Eloy Martínez son: Lugar común la muerte (1979); La mano del amo (1991), El vuelo de la reina (2002, Premio Alfaguara de Novela); El cantor de tango (2004) y Purgatorio (2008). Recibió el premio a la mejor novela extranjera de People’s Literary Publication House, en Beijing-Shanghai. En 2005 Tomás Eloy Martínez fue finalista del Man International Booker Prize por el conjunto de su obra.

Actualmente era columnista de La Nación, El País y el New York Times.

Su texto al recibir el Premio Ortega y Gasset sobre la labor del periodismo puede leerse aquí.

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En el mes de diciembre, un grupo de 15 periodistas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México, Nicaragua, Perú, Uruguay y Venezuela fuimos seleccionados para realizar el taller de Periodismo y Literatura de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) en Aracataca, Colombia. La escritora y periodista venezolana Milagros Socorro fue la responsable de guiar las lecturas de García Márquez y la salsa. A lo largo de una semana, pudimos debatir textos y compartir la fascinación de una profesión que desubica, pero felizmente no nos suelta. Arropados por el FNPI, la Fundación Aracataca, la escuela Indigama, el proyecto Gabolectura, y toda la gente del pueblo que nos recibían como sólo en el caribe saben hacerlo. Días y noches, libros y bares, nuevos amigos en el pueblo de Gabo, Gabito, el maestro, como lo llaman allí, con vallenato a todo volumen de banda sonora. No sé si escribiremos mejor después de esto, pero al menos yo, empecé a bailar.

Fragmento de la nota publicada hoy en el Suplemento Fuera de Serie del diario Expansión:

A la entrada de un restaurante, hay un cartel que lleva una frase de Gabriel García Márquez: “Por fortuna, Macondo no es un lugar, sino un estado de ánimo que le permite a uno ver lo que quiere ver, y verlo como quiere”.

Uno viaja con la precaución de no mezclar ficciones y realidades, pero basta llegar a este municipio bordeado por cuatro ríos en el departamento de Magdalena, en el Caribe colombiano, para olvidarse de aquellas certezas y ya no poder distinguir lo que es un pueblo llamado Aracataca, donde nació el escritor Gabriel García Márquez, de otro absolutamente literario, famoso en todo el mundo como Macondo, donde se crió el realismo mágico.

Hay quienes viajan a Macondo y llegan a Aracataca, hay quienes hacen el viaje inverso, pero da igual. De todas maneras, la realidad y las historias nacieron ya mezcladas en las voces y las bocas de mujeres y hombres que poblaron este caserío indio, donde la naturaleza poseía dones que en otros lados no (ellos no lo sabían) y que por eso no había nada de extraordinario que alguien levitara o que llueva hasta perderse la noción del tiempo… o que millones de mariposas amarillas cubran el cielo.

(…) Los niños hablan de Gabriel García Márquez como de un tío-abuelo, ahora estrella de televisión o presidente de la República. Un señor demasiado importante, pero cercano. Lo llaman Gabo, Gabito. Los más grandes, lo llaman Maestroypremionobelgabrielgarcíamárquez, así de un tirón. De todas maneras, una leyenda total, infinita. Han leído sus cuentos, sus novelas más flacas. Van a leer todos sus libros, al menos mientras vayan a la escuela. Gabolectura, una iniciativa que estimula la lectura en niños y mayores, lleva años realizándose con el fin de promover el conocimiento de la obra y “predicar con el ejemplo”. “Si él, que nació aquí, hizo todo lo que hizo, por qué estos niños no” dice Aura Ballesteros, la maestra. Al lado del bolillero con las preguntas, una niña recita de memoria fragmentos del cuento “Eva está dentro de su gato”. ¿Cómo se llamaba la abuela del Maestroypremionobelgabrielgarcíamárquez? ¡Tranquilina Iguarán! ¿Qué libro publicó Gabito en 1955? ¡La Hojarasca! ¿Cómo se llama el personaje que come tierra en Cien años de soledad? ¡Rebeca!

(…) En Aracataca todos se sienten campeón del mundo, campeón de algo. Un hombre nacido aquí llevó a Colombia al Olimpo. Ese orgullo los mueve como una fuerza centrípeta. Quien escribe, escribe cuentos a Gabito, quien dibuja, dibuja retratos de Gabito. Aracataca es un pueblo de y para el mito García Márquez y el de su literatura. El monumento a personajes de novelas habla de eso. Una escultura en la calle de los Almendros recuerda a Remedios, la bella, la mujer que trastornaba a los hombres en Cien años de soledad, y que acabó elevándose de entre las sábanas. Los pequeños autobuses de la zona se reparten entre las líneas Nobel y Transmacondo. En pocas calles podemos encontrar el billar La Hojarasca, la gomería El Nobel y la clínica Macon-salud. La biblioteca se llama Remedios, la bella. El bus escolar –amarillo- lleva su foto; las escuelas, su nombre. Y el recién inaugurado restaurante Macondo, el del cartel, ofrece en su menú “carne en salsa de mariposas amarillas”, “café al gusto de Melquíades” y “postres de dulce de icaco con lágrimas de Amaranta”.

La fotografía es del restaurante Macondo. La nota completa, acá.

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