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Posts Tagged ‘Acantilado’

Ítalo Calvino: “Mi fe en el futuro de la literatura consiste en saber que hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, puede dar” Seis propuestas para el próximo milenio.

Marcel Proust: “Sólo mediante el arte podemos salir de nosotros mismos, saber lo que otro ve de ese universo que no es el mismo que el nuestro, y cuyos paisajes no serían tan desconocidos como los que puede haber en la luna” À la recherche du temps perdu.

Francis Bacon: “La lectura hace a un hombre completo, la conversación hace a un hombre alerta, y la escritura hace a un hombre cabal”. Of Studies, Essays.

Aristóteles: “Representar es una tendencia natural de los hombres -y éstos se diferencian de los otros animales en que son seres muy propensos a representar y que comienzan a aprender mediante la representación- como la tendencia, común a todos, de encontrar placer en las representaciones”. Poética.

Paul Ricoeur: “La novela es irremplazable para configurar la experiencia humana, empezando por la experiencia del tiempo”.

Jean Paul Sartre: “El quehacer literario – incluso si no existe libro alguno que haya impedido a un niño morir- tiene el poder de permitirnos escapar de las fuerzas de alienación o de opresión” Que peut la littérature?

Henri Bergson: “Hay desde hace siglos hombres cuya función consiste precisamente en ver y en hacernos ver lo que no percibimos de forma natural. Esos hombres son los artistas”. La pensé et le nouvant.

Roland Barthes: “La literatura no permite andar, pero permite respirar”. Ensayos críticos.

Samuel Johnson: “La única finalidad de la literatura es hacer a los lectores capaces de gozar mejor de su vida, o de soportarla mejor”. Review of Soame Jenyns.

T.S.Eliot: “La cultura puede ser descrita simplemente como aquello que hace que la vida merezca la pena ser vivida”. Notas para la definición de la cultura.

Harold Bloom: La respuesta definitiva a la pregunta ‘por qué leer’ es que sólo la lectura atenta y constante proporciona desarrolla plenamente una personalidad autónoma”. Cómo leer y por qué.

Milan Kundera: “La novela desgarra el telón de los prejuicios”. El telón.

de ¿Para qué sirve la literatura? de Antoine Compagnon, Acantilado (2008), trad. Manuel Arranz

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Editorial Acantilado publica estos días en España el nuevo libro de Antoine Compagnon, surgido de la lección inaugural de la cátedra de Literatura Francesa en Collège de France. El libro se origina con una duda fractal que no deja de multiplicarse y reproducirse en todo el ensayo. Compagnon se pregunta, y su pregunta da título al libro: ¿Para qué sirve la literatura? En estos tiempos, ¿para qué enseñar literatura? ¿Qué sentido tiene la literatura a estas alturas? Compagnon lleva más de 30 años dando clases (en la Sorbona y en la Universidad de Columbia de Nueva York)  y como nunca, ve amenazado el sentido de su doble profesión de maestro-escritor.

Ya no es patrimonio exclusivo de las novelas la iniciación moral, ni la educación sentimental. El papel de la literatura en la sociedad se empobrece día a día: en las escuelas está siendo sepultada bajo textos documentales; el periodismo gráfico contempla mustio el deceso de sus propias páginas literarias (junto al resto). Y en el ocio, la avanzada digital y audiovisual reduce el tiempo dedicado a la lectura.

Ante este panorama, el autor se pregunta para qué sirve la literatura con esa carga filosófica -no exenta de angustia- que lleva a preguntar para qué sirve la vida.

Pero… ¿ servir? ¿Puede la literatura, el arte, la vida… servir para algo? Como un equilibrista, Compagnon evita la noción utilitarista del término y reflexiona sobre si la literatura ha llegado a un camino sin salida ni continuidad. Lo hace motivado por el aporismo. La amenaza del fin, la sensación de sinsentido, el camino acabado de las letras, el miedo de toda pluma ante la pistola de Los Soprano.

¿Es que la literatura ya no sirve para contar la aventura del alma humana?  “La verdad es que las obras maestras de la novela contemporánea dicen mucho más sobre el hombre y la naturaleza que algunas obras de filosofía, historia y crítica”, escribió Émile Zola, quien nunca vio Lost. ¿Una serie de televisión es todo lo que podíamos esperar como reflejo de los hombres? Acaso el siglo XXI, el que será de Google o de no será de nadie, tenía esta sorpresa deparada apenas en su inicio.

¿Hasta aquí hemos llegado? ¿Esto fue todo, amigos? El autor de Los antimodernos colecciona una serie de buenas preguntas con respuestas inscritas a medio camino entre el optimismo y la noción heiddegeriana del ser. ¿Va a seguir la literatura? ¿Va a seguir… simplemente-porque-sí?

Para disipar su duda, Compagnon hace un repaso de la enseñanza de la literatura en Francia (y por extensión en gran parte del mundo). Desde finales del Siglo XVIII su sillón del Collège lo ocupó Jean-Louis Aubert, Antoine de Cournand y Francois Andrieux; y ya en el siglo XX Paul Valéry, Roland Barthes y Marc Fumaroli, entre otros. Unos y otros, dirimieron sus clases entre la historia, la teoría o la crítica.  A la tensión secular de texto y contexto o autor y lector, Compagnon pretende dar un paso adelante.

Cuestiona, con Valéry, la tradición historicista de la enseñanza literaria: “La biografía, las costumbres, las influencias, son los medios de disimulo que se otorga a la crítica para ocultar su ignorancia de la finalidad y del tema”, a decir el autor de Cementerio marino. Pero también discute la vertiente teoricista. Y propone una lectura que supere esta tensión y descanse en ambas a la vez. El proyecto de Compagnon, entonces, es dejar atrás dicotomías que entiende impotentes, sólo para sumar teoría + historia (como “maneras”) + crítica (como “razón de ser”) e intentar entender ya no el presente de la literatura, sino el futuro. De esta manera, tal vez pueda ayudarnos a responder la duda que da título al libro: La littérature, pour quoi faire? ¿Hay realmente todavía cosas que sólo la literatura puede procurarnos? ¿La literatura es indispensable o, por el contrario, es reemplazable?

Se supone, a muchos les encanta decir, que la vida es más agradable, más rica para aquellos que leen que para los que no.

Leer porque sí. “En lo sucesivo -dice Compagnon- la lectura deberá estar justificada, no sólo la lectura corriente, la del lector, las del hombre de la calle, sino también la lectura culta, la del intelectual, la del profesional”.

Leer, por qué no. La finalidad sin fin de Kant. El futuro no es imposible, desea Compagnon. La muerte de la literatura se anuncia año a año y aquí estamos. Pero ahora, valdría aclarar, HBO ha puesto manos en el asunto. Hace pocos días El País publicó un reportaje que comenzaba así: “¿Quiere usted disfrutar de una buena historia? Cierre el libro, póngase cómodo y encienda la televisión. Sí, la televisión”.

Buenos tiempos para los apocalípticos, sobre todo hoy, que dan Six feet Under.

En conclusión, es hora de volver a hacer elogio de la lectura, defenderla en la escuela y en el mundo, apunta Compagnon en ¿Para qué sirve la literatura? y cita a Calvino: “Las cosas que la literatura puede buscar y enseñar son pocas pero insustituibles: la forma de mirar al prójimo y a sí mismo, de atribuir valor a las cosas grandes y a cosas pequeñas, de encontrar las proporciones de la vida, el lugar que en ella ocupa el amor, así como su fuerza y su ritmo, y el lugar que corresponde a la muerte, la forma de pensar en ella o de  no pensar en ella. Y otras cosas necesarias y difíciles, como la duración, la piedad, la tristeza, la ironía y el humor”.

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En una carta a su amigo Hugo Ball (el cofundador del Cabaret Voltaire), Herman Hesse describe lo que será el germen de El lobo estepario: “decidí que en mi quincuagésimo cumpleaños, dentro de dos años, tendré el derecho de colgarme, si en ese momento aún lo deseo. Ahora todo lo que me parecía difícil ha tomado un aspecto diferente, porque lo peor que puede pasar es que sólo dure dos años más”. Vale recordar esta carta, ahora que por primera vez se publicará una traducción directa del alemán al español de la biografía de Herman Hesse que hizo su amigo dadaísta Hugo Ball. La obra, que El Acantilado pondrá en las librerías en el mes de mayo, fue escrita en 1927 con el nombre de Hermann Hesse. Sein Leben und sein Werk. Ball, cuando el autor de Demian tenía apenas 50 años. La editorial adelanta un fragmento del libro:

Realmente, ya no se puede considerar azar que espíritus como Nietzsche, Strindberg, Van Gogh, Dostoievski, sucumbieran, unos más, otros menos, a la neurosis. Ya no se puede seguir considerando «orgánicas» sus dolencias, aunque una psiquiatría cómoda así lo prefiera. Al final, habrá que aceptar que se trata de dolencias que, en buena medida, tienen por causas nuestros factores religiosos y sociales, nuestro sistema educativo, nuestra educación superior, especialmente la general actitud negativa respecto a la locura y la exageración, la falta de entusiasmo y comprensión, de placer por las imágenes, la ausencia de un espíritu infantil; en pocas palabras: nuestra catastrófica visión del mundo.

A este respecto, es significativo que los genios que sufren tales males procedan especialmente de los países nórdicos. Entre los meridionales, este fenómeno es mucho más raro o no se da; también el clima puede representar un papel en cuanto a esto. Al artista neurótico lo define la palabra «interioridad», y esa palabra remite a la Reforma protestante. La introversión, es decir, una mística personal, privada, autónoma, que no permite vinculación con la sociedad, que incluso está en oposición a las costumbres tradicionales… el ensimismamiento es el signo del artista romántico, del marginal y el excluido, del desarraigado y el aislado, que tiene que mantener su equilibrio mediante grandes logros, mediante su magia, mediante un énfasis rebelde en la naturaleza y la gracia personales, mediante una mecánica de superioridad individual.

[…]

En los poemas del lobo estepario (Neue Rundschau, 1926), esa tendencia a la autodestrucción se ha convertido, para algunos amigos de Hesse, en un profundo dolor. Amargura y melancolía han prosperado en estos poemas hasta reventar el instrumento. Tan sólo conozco una publicación que me haya causado esa misma impresión a la primera lectura: el Ecce homo de Nietzsche. Pasan versos de una incomparable intensidad y tristeza, palabras con la extraña luminosidad de una estrella que se refleja en una estancada fuente. La forma que todo lo encubre ha estallado en todas direcciones, un nuevo ritmo vibra. Lo que esto ha costado al poeta sólo pueden valorarlo aquellos que conocen la discreción de Hesse, su capacidad para el sufrimiento y su tenacidad a la hora de ocultar.

[…]

«Construir una obra hacia la catástrofe»; esta frase de Nietzsche está muy próxima a Hesse; él mismo podría construir o haber construido su obra hacia la catástrofe. Tanto en Hölderlin como en Novalis, Hesse ve «el destino del hombre extraordinario, genial, que no consigue la adaptación al “mundo normal”; el destino del favorito del destino que no puede soportar la cotidianeidad, el destino del héroe que se ahoga en el aire de la vida común». Éste es el fundamento de los poemas y de los excesos del lobo estepario. En el epílogo a Novalis y en el de Hölderlin, hay frases que cualquier amigo del poeta reconoce como su propio problema, como su propio tormento.

[…]

La novela El lobo estepario, esa creación única, es la última y más poderosa encarnación de Hesse. Si se pudiera atrapar y disolver al enemigo en el propio interior, reducir la fuerza vital a una fórmula plausible; si se pudiera exponer ese carácter apasionadamente inquieto, agitado, atormentado, que se burla de toda sublimación y civilización, si fuera posible resumirlo en delicadas palabras, penetrarlo con toda la gracia y toda la luz… si eso fuera posible, se habría atrapado a ese ser hasta entonces inaccesible y sin nombre. Con esto, se habrían prevenido en adelante las desagradables sorpresas por el lado del instinto. Con esto se habría desarraigado y sacudido la fuerza vital misma; el animal que hay en el ser humano habría salido a la luz y, quién sabe, quizá se habría quebrado. Con esto quedaría abolido un arquetipo demoníaco, y se habría cortado el paso a un sinfín de miedos, de histerias, de estridentes sofismas. Con esto se habría hecho posible un humor que podría ser más que hábil confusión y buena cara al mal tiempo.

Homenaje a Hugo Ball de Dèborah Borque en youtube.

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