La editorial Melusina ha tenido la muy buena idea de publicar un libro extraño en el panorama español. Un libro de crónicas periodísticas. No sabemos si es parte de una colección que así se inicia o una gran idea suelta. La cuestión es que la periodista y escritora peruana Gabriela Wiener ha realizado un compendio de sus mejores notas para publicarlas bajo el nombre de Sexografías. Crónicas conocidas en Latinoamérica, publicadas en revistas como Soho, Paula, Caretas y Etiqueta Negra, entre otros, que relatan los viajes a submundos latentes, fáciles de mirar, pero nunca sencillos de aprehender. Mirones y reyes del sexo, transexuales exiliados, viajes de ayahusca, los 27 centímetros más famosos de Nacho Vidal, tunning de extrarradios (bueno, nadie está en el centro en estas crónicas, está claro que a Wiener no le interesa el centro), swingers, un baile pegadito en una cárcel de alto peligro, sus propios ovarios y finalmente, un magnífico relato pormenorizado de la experiencia del embarazo, mezclado con cyberpornografía de mujeres con panza. La periodista no los indaga sin cuestionarse ella misma. Se ve en ellos como en un espejo, no roto, pero sí difuso que permite mejorar la figura. Se mete, se acuesta con sus personajes, baila, los acaricia si es que es eso lo que necesitan. Mejor los describe. Es enorme el talento de W para inmiscuirse en historias que espantan a las madres y provocan la envidia de cualquier gonzo de turno. El sexo como recurso periodístico, el atrevimiento como motor y la non-fiction como arma. Lo demás, es pura literatura al servicio del periodismo ególatra (pero no egoísta), consciente de que de este lado tiene a sus babosos lectores-voyeur que queremos más, sí, así, más…
Gabriela ha abierto su propio cochon-blog
Fragmento de una de las crónicas, “El planeta de los swingers”:
Esta noche me dispongo a ser infiel con permiso de mi marido. La puerta del 6&9 es tan discreta que nos hemos pasado de largo dos veces. Llevo encima un abrigo para camuflar mi look temerario y tres tragos de cerveza. J lleva una barba de cuatro días, lo veo tan guapo y tan mío que no puedo imaginar que en unos minutos se irá a la cama con alguien que no soy yo. Son las once de la noche de un jueves cualquiera en Barcelona. En el televisor sobre la barra se ve una película porno en la que un camionero la emprende contra una rubia quebradiza. ¿Es la primera vez? Sí. Vengan conmigo, nos repite la relaciones públicas (lúbricas) del lugar.
La noche promete ser intergeneracional, multirracial y multiorgásmica. A diferencia de otros clubs que se llenan de adinerados sesentones cuesta abajo, el 6&9 es popular por su buena disposición para recibir jóvenes en la plenitud de sus apetitos. Además tiene fama de «higiénico», un tema que yo había soslayado inicialmente por mi creencia de que el sexo es sucio sólo si se hace bien, pero que terminó siendo un punto a su favor. Una vez adentro, seguimos a nuestra anfitriona en un recorrido relámpago que tiene por finalidad explicarnos las reglas del juego. Ésta es la sala del calentamiento, dice ella, aquí podéis bailar una pieza o echar un vistazo a la porno mientras bebéis algo. Bajamos las escaleras hacia un sótano que es la versión erótica de la caverna de Platón o, a lo mejor, la cueva donde se divierte una pandilla de antropófagos. A partir de aquí sólo se puede pasear como se vino al mundo. La llave para el casillero se pide en la barra, y luego aparece el impresionante escenario del escarceo: los treinta metros de cama en forma de ele que los fines de semana hacen crujir hasta cincuenta parejas a la vez y que a esta hora todavía luce vacante. Justo al frente, un dispensador de preservativos. A la derecha de los camerinos, el jacuzzi, más allá las duchas para parejas y el cuarto oscuro, una especie de minidiscoteca nudista.
–Si no queréis nada con alguna persona basta con tocarle el hombro.
Ésta es la contraseña del 6&9. Cada club recomienda a los clientes una manera delicada de informar a los demás cuáles son tus límites.
–¿Y para qué es esta habitación? –pregunto.
–Es la habitación de las orgías. Aquí vale todo.
No me froto las manos, no trago saliva, sólo miro de reojo a J con un signo de interrogación en la cabeza. Esto recién comienza.
La de Nacho Vidal en la revista Soho, acá.
sí, sí, másssss…. decí que estaba lo de la revista Soho, que si no… gracias!
sigo a Gaby desde ecuador. es una gran representante de nuestro periodismo latinoamericano. enhorabuena por su libro, y a usted por su blog!
Sabe como puedo contactar a Gabriela Wiener?
robertmela@yahoo.es
No hay respuestas en este blog?
Puedes escribir a info@melusina.com para contactar con la autora.
Un saludo.
qué pasó con el barrio chino?