“¡Las nuevas aventuras de Octave Parango… ya están aquí! Esta vez, Parango viaja a las convulsas estepas rusas en busca de la cara más bonita del mundo… ¡y la encuentra! …entre gángsteres, drogas, maniquíes, prostitutas y poetas malditos. ¡No se la pierda!” Lo que podría anunciarse con vieja fórmula publicitaria no sería del todo desubicado tratándose de quién se trata. Cinco años después de 13,99 euros, Octave Parango, el alter ego de Frédéric Beigbeder, vuelve al ruedo con Socorro, perdón (Anagrama), para insistir sobre su visión del mundo con el conocido tono cínico irónico, nihilista y hedonista (que, a lo visto, tan buenos resultados le da, sumando enemigos y adeptos por todos lados). Esta vez, zarpan autor y personaje a la Rusia del Siglo XXI, y Parango deja atrás su profesión de publicista, para convertirse en talent scout y buscar la cara emblemática de una línea de cosméticos. Da con una joven muy joven de 14 años (mientras el autor y el personaje pasan la barrera de los 40, desciende la edad de sus trofeos) de la que se sentirá perdidamente enamorado. Él, justo él, que lleva 50 páginas despotricando contra todo, riéndose del estado de las cosas para de pronto, ponerse serio y reflexionar con pretensión y hacer creer que el amor puede durar más de tres años.
Con menos de cuatro horas dormidas (en Barcelona comienza el Sónar, máxima festividad elctro-moderna), Frédéric Beigbeder acaba de presentar su nuevo libro Socorro, perdón, la segunda parte de la trilogía que conforman 13,99 euros y uno que ya está escribiendo (donde, oh casualidad, Parango será presentador de televisión como… Beigbeder).
Con barba de varios días, devorando cruasanitos y simpática locuacidad finamente estudiada, el autor francés definió a su personaje como una “persona desesperada, inquieta, que pide ayuda, pero a la vez es culpable. Pide socorro, y pide perdón”. “Octave sigue en el poder, salió de la agencia de publicidad pero sigue mandando en el mundo de la imagen”, dice. Y qué mejor escenario que Rusia, “donde la estatua de Karl Marx mira el anuncio gigante de Rolex, o la tumba de Lenin está frente a una tienda de Christian Dior. Y donde el Pravda dejó lugar a Prada”. 13,99 euros tuvo muchísimo éxito en Rusia, por eso el autor viajó muchas veces. Allí, algún crítico comparó a Octave Parango con Raskolnikov (¡cuánto vodka!), por lo que el francés decidió hacer pasar una temporada a su personaje. La estancia en Rusia le sirve para reflexionar sobre la caída del comunismo, la llegada del capitalismo de una manera salvaje, todo esto que Beigbeder denomina fashismo, una mezcla de fascismo y fashion, un neologismo que dice que inventó (aunque en google encontremos más de 851 entradas). Rusia es “el lugar simbólicamente más violento de este tiempo, donde después de años de totalitarismo, desde una mañana de 1991 todo está permitido”. “Son como los barceloneses, pero a la enésima potencia”, dijo, demostrando que sólo ha pasado una noche en esta ciudad. “En Moscú han cambiado de totalitarismos, ahora el consumo y la imagen son los que mandan” y concluye: “no hay diferencias entre un anuncio de Calvin Klein y uno de Iósif Stalin. El de Klein obliga a millones de hombres a gustar de esa chica, y a millones de mujeres a parecerse a ella”. A Beigbeder, que fungió de modelo para las Galeries Lafayette, le fascina a ostentar sus contradicciones. En la foto, salvajemente retocada con photoshop (“toda persona tiene derecho a ser retocado por Photoshop”, bromea) posó con el libro La sociedad de consumo, de Jean Baudrillard. El discurso de este enfant terrible está lleno de tópicos superfluos como estos y más:
El humor es la cortesía de los desesperados
No se hace buena literatura con buenos sentimientos (de Gide)
Escribo los libros que quiero leer
Cuando haces el amor no hay que reflexionar, hay que hacerlo
La política responde al marketing
Tres grandes momentos marcaron mi vida: mayo del 68, la caída del muro de Berlín y el 11 de Septiembre
Y etc… Algunos críticos han señalado que sus libros también están llenos de clichés, pero él se defiende diciendo que los clichés dicen “algo de verdad”.
Beigbeder cuenta que escribió este libro saliendo de su segundo divorcio (consumada su primera separación, escribió El amor dura tres años) y en un momento de crisis personal. Nada en él parece lo suficientemente auténtico, todo resuena a postura publicitaria, pero a veces logra divertir. Leyéndolo, el Beigbeder profundo aburre por pretencioso, pero su ritmo, algunas de sus imágenes, y su prosa atrapante, pueden hacer pasar un buen rato. Conversando con él, pasa lo mismo. Y hay que reconocerle, como recordó su editor, haber sido el primero en escribir sobre el 11 de septiembre y el primero en contar sin escrúpulos la Rusia de principios de siglo. Si es que ser primero sirve para algo, se preguntaría, en coña, su personaje.
Qué bueno lo de Beigbeder y en general todos los textos! Me gusta la selección de autores que hay en este blog, así como su introducción. ¿Para qué sirven los blogs? Para evitar estudiar y divertirse con algo
Muy divertido! ¿Sabes si habrá obra de teatro?
he linkeado su entrada al barrio, monsieur… para que el atajo virtual sea lo más breve posible… y aquí me encuentro con esta foto de músculos y firmas… saludos primeros del solsticio de verano!
de los sueños de la noche salen pajaros que ni saben volar. pero si son como este hombre, dispuesta estoy a enseñarle.
besos desde Zaragoza. y vengan a la feria!
Francamente lamentable este escritor pero está al mismo nivel del blog: soso, aburrido, sin contenido y de pura autopromoción. con tantos blogs buenos xq leer este.
A mi el blog me parece muy interesante
cuenta lo que pasa en Barcelona
muy bien, adelante
??
Que se acaben los tres (quince es desmesurado) minutos de fama de este señor. Plis.
Un saludo,
Frédéric lo Mejor!!!…yo lei 13 euros
lo dice una fanática jajajaja
la verdad el libro es la cagada, muyy bueno
leánlo!!!
y recuerden
“LA VERDADERA MORAL…SE BURLA DE LA MORAL”
(Pascal)