Una ex primera dama.
Hace unos minutos nada más, el viento soplaba tan fuerte, golpeaba con tanta osadía las paredes de la carpa, que no dejaba oír a la ex primera dama de Inglaterra. La esposa de Blair, que extrañamente ahora ha recuperado su apellido de soltera, Booth (será pariente de Richard?), hablaba como sabe hacerlo: entre seria y firme, determinante, pretendidamente profunda pero con chistes frívolos y de los otros. La gente la interrumpía (de la manera que un inglés puede interrumpir) para aplaudirla con la misma energía o reírse de sus ocurrencias. En la primera parte de la intervención, habló de la situación de las mujeres en el mundo, de la equidad como desafío. Leyó el discurso con elegancia de abogada (vestida a la usanza: traje sastre en marrón oscuro, collar de corales), y a más de uno le daban ganas de votarla, sobre todo en estos boring times de Brown. Luego, participó de una entrevista donde comentó su vida “poco común” en la residencia oficial, bromeando otra vez. Una gran anécdota: debía tener listo el traje negro por si se moría la reina madre. Allí también fue madre, recordó. La gente la seguía en el auditorio y en los bares de alrededor, por el circuito cerrado de televisión. “Definitivamente, es la mejor de la casa”, dice una señora a mi lado, sándwich bio en una mano, y la autobiografía (recién publicada) en la otra.
Bogotá 39 en Gales
Al costado de la granja ecológica, en una sala repleta con 500 personas, los Bogotá 39 Santiago Roncagliolo, Juan Gabriel Vásquez y Guadalupe Nettel se presentaron ante el público inglés (y en inglés). Jason Wilson, el hispanista con acento porteño, elogió la obra de cada uno de ellos y los introdujo ante un público que los seguía atento y curioso. Cómo es escribir bajo la sombra de García Márquez, Vargas Llosa o Paz, cómo es escribir sobre Latinoamérica desde España, preguntas manidas pero interesantes para un público que aún está despegándose de los clichés sobre la literatura latinoamericana y ya no les exige ni poncho ni huipil a ningún escritor. De todas maneras, a este grupo (Andrés Neuman estaba allí también) estos asuntos parece tenerlos sin cuidado, y así se mueven. A la salida, Juan Gabriel Vásquez firmó hasta agotar los 50 ejemplares de The informers, su novela traducida y publicada por Bloomsbury, que el mismo día el suplemento Review de The Guardian elogió.
Humoristas
Mientras Salman Rushdie, Eric Hobsbawm, Christopher Hitchens se paseaban por la sala de los escritores, bebiendo té unos, copas de vino, otros, un Gore Vidal a la vuelta de todo entusiasmaba en la carpa principal a un público entregado. Con cada una de sus respuestas, cortas cínicas y contundentes, se colocó como el líder del deporte preferido de los ingleses: mofarse de los estadounidenses. Y la era Bush da para esto y más. A la misma altura humorística estuvo Will Self, que en medio de su show presentó el libroThe Butt, con el que ganó el premio Bollinger Everyman Wodehouse Prize for Comic Fiction al mejor novela cómica.