“Y ella lo hace. Ni remisa ni insegura, sin dar la más mínima impresión de que está siendo obligada: al contrario, dueña por completo de sus propios gestos e incluso contenta por realizarlos, a juzgar por la mirada festiva que me lanza antes de bajarse hasta mi barriga; ahí está, levantándome la camiseta, y empieza una tortuosa marcha de aproximación hecha de besos y de chupetones, desde el pecho hasta el costado, luego por el vello alrededor del ombligo, luego directamente sobre el ombligo; es preciso, de todas maneras, que no insista demasiado, porque se trata de una especie de tortura y hay mujeres que no se dan cuenta de lo muy insoportable que puede llegar a ser… Pero no, no insiste demasiado, sigue bajando todavía un poco más, pero cuando se encuentra con la polla clavada en la garganta lo interpreta correctamente como la señal de meta de la carrera y deja de torturarme. Ya estamos: se incorpora sobre las rodillas, acaba de desabrochar los pantalones, los baja cuanto puede, baja de la misma manera los calzoncillos, todo con la debida solemnidad, porque evidentemente es consciente del flujo de serotonina que este ceremonial produce en el cerebro de un hombre. Pero luego hace algo extraño, que no me esperaba: me coge la polla por la base y la levanta, hacia arriba, al aire, como si supiera también lo agradable que es sentir pasar por encima el vientecillo de esta noche que huele a mandarina, y se queda algunos segundos quieta, mirándola, oxigenándola, se me ocurre, como se hace con un buen vino antes de bebérselo; luego se sopla un mechón de pelo que le caía delante de los ojos y se la mete en la boca. Oh, el principio de una mamada: oh. Cada vez me sorprende que algo tan simple pueda ser también tan infalible. Una boca que se abre y adelante: ¿qué más se necesita? Todo el mundo puede hacerlo. Entonces, ¿por qué no ocurre continuamente? ¿Por qué hacemos de ella un bien tan escaso? Estamos locos, todos.” Caos Calmo, Sandro Veronesi. (Fotografía: Fandango)
Caos Calmo, fragmentos del capítulo 32
11 May, 2008 by Gastón García M.
Recomiendo el reportaje al italiano Veronesi y el fragmento de su novela, Caos Calmo (me encanta el nombre). Este post leanló en argentino, donde dice mamada lean pete y ya, el efecto es tremendo.