Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.
Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda…
Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.
Así comienza el poema La niña de Guatemala de José Martí que todos los niños centroamericanos están obligados a recitar de memoria en las escuelas. En este poema y en los cubitos de hielo de Mario Bellatín, se encuentra el germen de la nueva novela del escritor guatemalteco-estadounidense Francisco Goldman, El esposo divino (Anagrama), una mirada divertida y heterodoxa de José Martí. Un personaje absolutamente estrafalario, una especie de Woody Allen del siglo XIX, según Goldman, quien lo muestra desafortunado con cada una de sus mujeres y amantes, dandy frustrado, loser, drogadicto, que bebía mucho, bien lejos del héroe cubano que todos conocemos. Goldman muestra su fascinación al introducirse en este mundo, laberíntico e inaccesibe, único. En su reciente viaje a Barcelona, donde presentó el libro junto a su editor Jorge Herralde, el escritor contó cómo llevaba años investigando y trabajando sobre Martí y la niña del poema cuando todavía no había encontrado la imagen que él consideraba fundamental, que le permitiera arrancar con la historia. Una noche, en una fiesta en la casa de Mario Bellatín en México, la encontró. Llevaban varios daikiris cuando se acabó el hielo. Alguien encontró trozos congelados en el fondo del freezer. A los diez minutos, sintió una patada en el estómago, que lo tumbó por días. En el delirio de la fiebre, alucinó la escena central del convento, las mujeres y los hombres indígenas, y la niña en la selva jugando con un globo rojo…
[...] el blog de Gastón García -que acabo de colocar en mis enlances- leo esta nota acerca de la extraña influencia que tuvo Mario Bellatin para que Francisco Goldman consiguiera darle sentido final a su novela El esposo divino. Así fue la [...]